miércoles, 30 de noviembre de 2011

DESPEDIDA.

- Elena Alvarado.
Desperté con la idea firme de que esta no era mi vida, tú no estabas a mi lado ni yo contigo. Abrí la cortina esperando que el sol se hubiese apagado, pero éste seguía ahí, en el mismo lugar, a la misma hora.
Se quedó callado tras un muro lleno de mentiras, olvido, recuerdo y rencor. Se despidió de mí, yo no me di cuenta de ello.
Mi destino estaba trazado, no lo miré, y cuando me entregaron la cuenta de mis excesos me percaté de que mi corazón ya no era el mismo.
Las montañas seguían cambiando de color, por más que revolvía el universo éste regresaba a su estado natural. Compré muchos colores para pintarlas de nuevo, pero no pasaba nada, la lluvia les quitaba lo bello.
Aunque combinaba sentimientos para formar un color nuevo, éste seguía en su estado de descomposición, hasta lo grotesco me resultaba bello. La soledad, me ha dicho que no importa la sonrisa en mi cara, nada bueno vendrá de ello.
Compré mil caballos, cada uno para montar al pasado. Se cansan mucho en su larga cabalgata. En cada viaje pierdo dos, uno de ida y otro de vuelta. Tengo de todos colores para que combinen con mi ropa. Así logro algo de armonía para pasar desapercibida.
No te encontré, ni siquiera en pedazos, ¿eras real? o ¿algo que inventó mi imaginación?
Cuando te dije que era una en un millón, no te mentí, es cierto.
Tengo el hígado forrado de gomitas de azúcar para contrarrestar la mala vibra que llega. Mis riñones son dos panques de pasas, así rebota todo lo malo que llega. Los pulmones están llenos de chocolate para poder revolverse con todo el humo que por error entra. Mi corazón es un pastel, 100% puro de cacao, al que todos se les antoja pero nadie se atreve a probarlo.
Teniendo toda esa confitería en mi ser, sigo siendo amarga. Lo siento, la vida no es el mejor refrigerador.
Lloré tantas noches, pensé que mis lágrimas formarían un océano nuevo, pero no fue así, sólo logré inundar los corazones que estaban a mi lado.
Miraba el teléfono como si éste pudiese responder mis dudas, como si alguna noche, sin nada en especial, me dijera te amo, regresaré. Pero eso no pasó.
Me convertí en una basura, un ramo de dolor con tintes de sabiduría y con reclamos de no ser yo, pidiendo una oportunidad como si éstas fueran infinitas, rogando no morir en el intento.
La Abuela me dijo que la vida es un arma que tiene tres balas, tres oportunidades después de eso ya no te queda nada. Mi cartucho se terminó.
Ahora abre la cortina para que veas que yo ya no espero más tu regreso.

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