Octavio Pérez Sánchez
– ¿Por qué hacen esto? –gritó Thiago mientras los muertos lo arrastraban a una tumba que había quedado desocupada. Desde el piso podía ver a muchas otras personas recibiendo el mismo trato. Aunque Thiago no lo sabía, todos eran escritores como él. Uno a uno los enterraron, ahogando así sus gritos. Ningún muerto se compadeció de las suplicas de los vivos.
– ¿Por qué hacen esto? –repitió.
–Venganza –susurró uno de los muertos al mismo tiempo que lo arrojaba hacia un hoyo en la tierra y lo cubría.
–Venganza –corearon los demás.
Thiago trató de escapar, pero cada vez era más la tierra que le arrojaban encima. Recordó una historia que había escrito de un hombre que era sepultado vivo. Se dio cuenta de lo mal que había descrito la situación.
– ¿Son todos? –preguntó uno de los muertos.
–Sí –corearon los demás.
–Eso les enseñará –dijo otro, riendo.
Efectivamente, nadie volvió a escribir sobre la muerte. Y los muertos se dedicaron a ridiculizar la vida.
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