jueves, 1 de diciembre de 2011

TESTAMENTO

TESTAMENTO
Miguel Antonio Lupián Soto

El anciano cerró con seguro la habitación. Buscó la maleta que había escondido en el ropero. Fotografías en sepia de su esposa, hijos y nietos; su libro favorito; el viejo estuche de herramientas. Arrancó las hojas del libro. Las hizo añicos. Las tijeras cortaron en trozos las fotografías, mechones de su pelo cano. Se quitó los zapatos, los calcetines. Las pinzas desprendieron las uñas de sus pies. El escalpelo cercenó el dedo meñique de su mano izquierda. Retiró la piel, extrajo el hueso. Lo golpeó con el martillo hasta convertirlo en polvo. Sacó la bacinica de debajo de la cama. Orinó en ella. Agregó los ingredientes. Los mezcló hasta obtener una pulpa cremosa. Dejó la bacinica junto a la ventana. Durmió todo el día. Por la noche arrancó el mosquitero de la ventana. Vació sobre él la mezcla. La extendió formando una hoja. Volvió a dormir mientras los restos de líquido escurrían. Al despertar introdujo la jeringa en su brazo. Llenó la taza con su sangre. Separó la hoja del mosquitero. Mojó la pluma en la sangre. Escribió su testamento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario