Discurso incandescente.
Rodolfo García Portillo
Limpié el sudor de mi cara y comencé:
-Estimado auditorio: me encuentro de pie frente a ustedes porque quiero introducirlos a esta maravillosa exposición que Grupo Colt ha traído con gusto para…
-Simplemente no puedo. Este bloqueo me tiene de cabeza y debo estar listo a tiempo…
-Estimado auditorio: me enorgullece presentarles a ustedes una maravillosa exposición que nos llevará a través de los blancos laberintos…
-…creo que debería romper este pinche espejo.
-Tal vez si me relajo...respira profundo…inhala…exhala…lentamente…inhala…exhala…voy por un cigarro.
Me alejé del espejo para alcanzar un cigarro. La cajetilla estaba vacía, ni una triste fumada.
-Intenta no dar tantas vueltas, te distraes, no lo vas a lograr. Atiende, piensa y escucha lo que dices, ¿no te asombras de tu camaleónica autodestrucción?
-Eres un imbécil. Concéntrate.
-Va de nuevo.
-Estimado auditorio: después de una larga travesía, Grupo Colt ha logrado traerles a ustedes una exposición que desnuda el alma –eso es- que desnuda el alma de uno los rincones más obscuros de la humanidad. Me enorgullece dar por sentado que todos los aquí presentes están dispuestos a escuchar con atención esta bellísima introducción a la magia nocturna y sombría de la inhóspita…de la inhóspita…de la inhóspita…
-Otra vez.
-…en lo inhóspito del ser de alma desnuda, el humano se enorgullece en presentar uno de los rincones más obscuros en la bellísima noche de lo sombrío. Todos los aquí presentes estarán dispuestos…
-La solución sería meterte una bala entre las cejas, cabrón.
-¿Qué he dicho?
-Que estas dispuesto a meterte una bala entre las cejas. Pon atención…
-Una bala entre las cejas suena menos doloroso que prenderse fuego.
-Tienes la capacidad para hacer ambas.
-Sin embargo no he terminado. Voy a darle un intento más.
-…como quieras…
-Es mi decisión, continúo.
-…la discordia del secreto universal yace en todos nosotros…la muerte por otra parte…la muerte es el olor de la vida nueva, de la resurrección. ¿Qué podemos deducir de la catastrófica incitación a la obscuridad eterna que nos envuelve al despertar? Deberíamos quedarnos callados ante tal afrenta?
-Dije que es mi decisión, dije también que te voy a clavar una bala entre las cejas, cabrón.
-Pero tengo que lograrlo.
-Sí, tengo que lograrlo. Voy por un cigarro, humeante punto incandescente.
-Deberías apagarlo de una buena vez.
-El humo me envuelve, ¿para qué querría apagarlo?
-Ponlo frente a tus ojos, míralo de cerca.
-Ahora acércalo más…ya lo tienes, ¡tíralo, tíralo!
-No quiero tirarlo, debo terminar.
-¡Dije que lo tires! Te doy hasta tres…uno…dos…tr…
-Te dije que no lo tiraras.
-Yo dije que sí…¿hueles algo?
-Aroma de inhóspita obscuridad…hasta nunca, idiota.
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