Todos los días se asomaba a la ventana, podía oler el piso mojado, ese olor era a tierra mojada, se sentía el frescor del agua evaporándose por el sol, olía los miércoles el pasto mojado y recién cortado. Otras veces oía a los niños correr, resbalarse y llorar. Las risas eran penetrantes. Años y un pastón después, el piso cambio de tierra a piedritas de río, a zoclo, a cemento, a concreto hidráulico los niños tuvieron niños y él seguía sin verlo ni tocarlo. En una decisión de último momento le iluminó la cara con una leve sonrisa y de un golpe le vino a la vista un color rojo, que se derramó por ese piso que quiso tanto ver.
Por qué me dejaron fuera
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