Ese sonidito... Ese estúpido sonidito de la lengua cuando se separa del paladar, es casi tan insoportable como el hecho de no poder dejar de hacerlo. Es una obsesión, un castigo, mi cuerpo sabe que me enloquece y por eso lo hace. Es una lucha de poderes: mi cuerpo contra mí, yo en contra de mi cuerpo.
Pero le llevo ventaja, ya he tomado la mitad del frasco sólo un poco más y ese maldito sonido callará para siempre.
La habitación oscurece... ojos y oídos se apagan...
En tinieblas y bienestar, una voz demoniaca me lleva a reaccionar....
Era el doctor a un lado de mi cama, dijo algunas cosas vagas, que estaba a salvo, que no me rindiera y mientras se alejaba ¡ahí estaba! Ese maldito sonido que me retumba hasta las entrañas: “toooc, tooc,” había migrado al idiota de bata blanca.
Pero me desharé de el, pronto…
Susannah
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