viernes, 30 de septiembre de 2011
NUNCA TAN BUENO por Olimpia Barreiro
Era el ambiente más pacífico; lo que más captaba la atención era la vieja figura encorvada del escritor entre miles de hojas, tan inmerso en su labor que ni siquiera un gigante a su lado podría haberlo hecho voltear. Su esposa no hacía más que llevarle puntualmente la comida apenas entreabriendo la puerta para no distraerlo; llevaban así 4 meses.
Cuando a la delgada mujer con pintadas canas le preguntaban para cuando tendrían su obra, sólo decía “lo bueno tarda y yo soy de las que sabe esperar”.
Ya habían transcurrido más de doscientos días y aunque diga que no la mujer ya se mordía las uñas por ver algo, aunque sea sólo el empiezo. Fue entonces cuando Paul llego y colgó su gabardina en la entrada.
-Pensé que estabas arriba escribiendo todavía
-No mujer, eso ya tenía que ser entregado
-No me merecía leerlo primero
-Ya tendrás tiempo la editorial lo recibirá en unos días y pronto tendrás el primer ejemplar en tus manos –dijo Paul, besando su frente
Paul subió y acomodó las cosas, ya tenía una lista de sus próximas obras y no demoró en volver a mover la pluma; esta vez si tomó largos recesos y acompañó a su mujer a disfrutar la bella vista que tenían del arco del triunfo y de la torre Eiffel. Somos afortunados Silvia, lo somos.
Pasaban los días y Silvia no dejaba de preguntar al joven de la correspondencia sobre la respuesta de la editorial, el cartero, que no tenía más de 20 años, le daba continuas negativas:
-Esas tardan mucho madame, y me imagino que ha de ser un manuscrito bastante largo, no se desespere -decía amablemente el muchacho
En el pequeño desayunador estaba Paul, otra vez preguntando mujer.
Bueno es que ya van varios meses, es justo que aunque sea manden una carta de espera, replicó Silvia. Pronto lo verás, dijo Paul.
Con el sol naciente de la mañana Paul recogía la siguiente carta:
A Paul Signoret:
Considero descortés de su parte enviarnos un manuscrito de más de 700 hojas, lleno de palabrerías absurdas, sin contenido y mucho menos esencia. Le agradecería que la próxima vez que piense en hacer un escrito de tan numerosas hojas (que ojalá nunca pase por su mente) no se moleste en acudir a esta editorial. Por favor no nos quite más el tiempo. Anexo su despreciable trabajo.
Atentamente
Ernest Boissieu
Director editorial
Devastado arrojó la carta al piso y derribo la tinta sobre los manuscritos en que trabajaba, y se dejó caer por la vieja escalera de madera sin pensar en la fragilidad de sus pobres huesos.
Silvia corrió al oír el estruendoso golpe.
-¡Oh Paul! ¿Qué te has hecho?, -dijo angustiada. Enseguida corrió a la calle a gritar por ayuda. Los vecinos se ofrecieron a llevarlo al hospital más cercano, pero el viejo Paúl no resistió el golpe: ya había muerto.
Cuando Silvia después de 5 semanas dejo de derramar lagrimas por la casa, subió a la oficina del viejo señor Signoret, leyó la carta y ordenó a las hojas en el piso, maldiciendo a aquel señor Boissieu a cada instante. Había decidido a denunciarlo por la manera de arrebatar la esperanza a un pobre viejo, en ese momento toco a la puerta el cartero.
Señora Signoret, le tengo buenas noticias, una carta para el señor. Verá, soy muy entrometido y le pregunté al director de la editorial sobre el manuscrito de su esposo, me dijo que nunca había visto tal, pero encantado lo leería. Así que pensé que era buen momento para llevarlo yo mismo, dijo el cartero, sin saber que el señor había muerto
-Muchacho deja de decir estupideces que bastante dolida estoy,- dijo Silvia, azotando la puerta
Abrió la vieja gaveta que estaba en la oficina del escritor y vio un folder llamado “Nunca tan bueno”: era el original del manuscrito, Al final del manuscrito era una carta a Silvia en la que le pedía perdón por no tener las agallas y siempre juzgarse duramente. El escrito terminaba con la línea: “Así es Silvia, lamentó ser un fracasado”. Atrás estaba la carta que el mismo se envió.
CUENTO INSPIRADO EN LA NOVELA DE JOSEFINA VICENS
“EL LIBRO VACÍO”
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