domingo, 1 de enero de 2012

HIEL por Olimpia Barreiro


Me sentía como si necesitara dos narices, pues una ya no bastaba para llenar mis pulmones de aire incluso con el respirador artificial. Después de sacar a mi hijo del cuarto, la doctora me permitió hablar con él. Me alcancé a despedir y a darle la bendición, y le juré que iba a estar bien.

No pude más, no vi el túnel negro que tenía al final una luz, estaba preparada para él, pero no lo vi. Pasé por una espiral de recuerdos y de momentos en el área donde trataban de reanimarme.

Vi el nacer de mi hijo, mi boda, el parque donde jugaba de pequeña, el beso con mi primer novio, la muerte de mi padre,  el aborto que tuve por aquella pelea con mi marido, las campanas sonando para apurarme a ir a la iglesia, mi madre haciendo los huazontles que tanto me gustaban. Todos estos recuerdos inmersos en ese veloz remolino que me dejaba ver el resumen de mi vida.

Después de esto volví al quirófano: veía mi cuerpo. Era como un ser de éter que flotaba.

Veía a todos llenos de lágrimas y quería decirles: Sigo aquí, no se den por vencidos. ¡No lloren! Era absurdo gritar, yo era la única que me escuchaba. ¿Cómo era posible de cincuenta y dos años? Mi madre seguía viva,  la mujer de mi hijo estaba esperando a mi nieto, no lo iba a lograr conocer, no podría tocarlo, y no aguanto más, mis lágrimas son como hiel, ya no duelen ni pesan. Estoy sola en este limbo.

En el momento justo que logré dominar mi nuevo cuerpo, algo me absorbió.
Subí rápidamente miles de metros. Estaban esperándome todos. Fue una gran recepción, estaban todos a los que les lloré y los que no quise. Estaban  formados en media luna y yo era el centro de atención.

Desde aquí podré verlos ¿verdad?. De vez en cuando verán mis señales, les preguntaba a todos, pero sólo me contestaban moviendo la cabeza de izquierda a derecha. Un gran no.

Mi tío me abrazó y dijo: Déjalos ir, es tu momento. Este es el inicio.
 ¡Ja! Tenía que olvidar mi existencia.

jueves, 1 de diciembre de 2011

TESTAMENTO

TESTAMENTO
Miguel Antonio Lupián Soto

El anciano cerró con seguro la habitación. Buscó la maleta que había escondido en el ropero. Fotografías en sepia de su esposa, hijos y nietos; su libro favorito; el viejo estuche de herramientas. Arrancó las hojas del libro. Las hizo añicos. Las tijeras cortaron en trozos las fotografías, mechones de su pelo cano. Se quitó los zapatos, los calcetines. Las pinzas desprendieron las uñas de sus pies. El escalpelo cercenó el dedo meñique de su mano izquierda. Retiró la piel, extrajo el hueso. Lo golpeó con el martillo hasta convertirlo en polvo. Sacó la bacinica de debajo de la cama. Orinó en ella. Agregó los ingredientes. Los mezcló hasta obtener una pulpa cremosa. Dejó la bacinica junto a la ventana. Durmió todo el día. Por la noche arrancó el mosquitero de la ventana. Vació sobre él la mezcla. La extendió formando una hoja. Volvió a dormir mientras los restos de líquido escurrían. Al despertar introdujo la jeringa en su brazo. Llenó la taza con su sangre. Separó la hoja del mosquitero. Mojó la pluma en la sangre. Escribió su testamento.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El Dios Celoso

No penséis que vine a traer paz sobre la tierra; no vine a traer paz sino espada;
- porque vine a separar al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre, y la nuera contra su suegra.
 - Y los enemigos del hombre serán los de su casa.
(San Mateo, cap. X, v. 34, 35 y 36).

Podría pensarse que él tuvo una revelación, él mismo no supo claramente cómo llegó a este estado, lo que sí sabía es que él lo buscó, buscó algo en lo profundo de su ser y encontró esto. Fue un descubrimiento, algo que siempre estuvo ahí  pero sólo hasta ese momento se dio cuenta, meditó y reflexionó mucho, abrió los ojos y de pronto se asustó por que sintió a Dios.

Santiago es el hombre del que hablamos, acababa de cumplir 30 años en noviembre, fue también en este mes cuando aconteció su gran descubrimiento, descubrimiento muy personal  en forma de secreto. Por eso usted lector no sabrá exactamente lo que Dios le dijo a Santiago, es algo sólo entre ellos dos, nosotros sólo podremos ser testigos desde afuera imaginando las reacciones de este hombre que tal vez a nuestros ojos sean las mismas que las de un  “loco”.

Los que conocían a Santiago lo consideraban una persona confiable,  de carácter triste pero muy estable y nada impulsivo. Era pianista, los problemas que tuvo con esta profesión se acababan y empezaba a ser reconocido, por fin su sueño se estaba cumpliendo, también estaba a punto de casarse con una hermosa cantante. En estos momentos tan felices de su vida parecía innecesario buscar a Dios, pero  hay personas  como Santiago  que están tan acostumbradas a la mala suerte que cuando les empieza a ir bien se sienten algo extrañas y  a veces  pareciera que buscan un pretexto para sufrir. Fue  entonces cuando Santiago  empezó a indagar en pensamientos existenciales, cuestiones que parecían no venir al caso y  en  las cuales hace mucho no pensaba.  Agnóstico desde  temprana  juventud había olvidado por completo a Dios, pero de repente sin saber por qué extrañamente comenzaba a pensar en Él y en el sentido de la existencia.

En medio de sus pensamientos circulares, bastó un segundo para caer en un lugar profundo y desconocido, estaba solo en su habitación cuando sintió esta primera y horrible sensación, como un zumbido entró a sus oídos la fuerza de Dios, no un Dios bueno o malo sino uno sublime, tan fuerte como incomprensible. Si en esos momentos alguien  hubiera observado a Santiago seguramente no hubiera notado en lo más mínimo lo que le pasaba, pues todo fue totalmente interno. Lo más angustiante era que ya no había más dudas, tenía la seguridad irrefutable de que el  Dios verdadero  lo había tocado. Existía un diálogo  callado e íntimo, en el que  Santiago se preguntaba y él mismo se respondía, todo por medio de Dios.

¿Por qué planteamos como horrible el ver a Dios cuando debería ser todo lo contrario? Precisamente por que Santiago adquirió una responsabilidad nada fácil, algo le fue mandado a hacer, sintió que de su existencia no había hecho nada, sintió vergüenza y ahora tendría que dedicar su vida entera exclusivamente a Dios  y para lograr ésto, según él, era necesario renunciar a lo que más amaba. Sin embargo no podemos asegurar que ésto fue del todo horrible para  él.

A partir de ese hecho las personas que lo frecuentaban notaron un cambio  extraño en él, algunos aseguraban que incluso lo veian más tranquilo, con una gran paz, sus padres lo notaron más pensativo pero mucho más amable con ellos. Demasiada tolerancia con los demás y una indiferencia en actividades que para todos eran importantes.

Lo primero que hizo fue cancelar sus próximos conciertos, algo increíble que sorprendió a todos  y le trajo problemas inimaginables, eran conciertos importantísimos para su carrera, jamás volvió a tocar su piano. Cuando la gente lo cuestionaba por sus extremas decisiones él les respondía con una sonrisa y se apartaba de ellos para evitar conflicto. Era imposible creer que aquel hombre que tanto amaba su música ahora renunciaba a ella sin ninguna razón clara.

De sus seres queridos Santiago se despidió en silencio, uno por uno y sin decirles adiós, sólo compartiendo  palabras comunes, gestos, caricias. Todos sospechaban algo pero nadie se atrevía a decirlo. Este ritual de despedida lo hizo considerablemente rápido ya que tenía miedo de flaquear en su voluntad.

Despedirse de su prometida era lo que más temía, la veía con ojos de ternura y con cierta vergüenza  por que sabía lo que ella iba a sufrir, y eso era lo que más le dolía. Ella presentía algo de esto y ya sentía una tristeza. Santiago decidió  hacer el amor con ella por última vez y en esto no pensó mucho pues tenía miedo de que dentro de sus pensamientos  Dios entrara  para prohibírselo. Con dignidad humana rápidamente resolvió  despedirse de esta forma, puesto que era amor después de todo.

No es posible creer que Dios niegue al amor y Santiago al principio estaba  convencido de esto, ya que pensaba que por gracia de Dios amaba, y con tanta fuerza como él nunca hubiera imaginado lograr hacerlo, amaba todo, pero sobre todas las cosas  amaba más a Dios y con obediencia confiaba  en ÉL . Santiago dejó escrito en un papel: “amor y temor se mezclan en mi alma”.

Su prometida hablaba de los planes de boda y él con dolor la escuchaba, él  deseaba comunicarle todo acerca de la tormenta que pasaba por su alma de alguna manera buscando en ella una salvadora,  pero le fue imposible hablar, sólo la besaba y ella no entendía estas reacciones. Cuando llegó el momento de hacer el amor había mucho nervosismo  por parte de Santiago, era como si supiera que al día siguiente iba a morir y el amor carnal se resistiera a la muerte, mientras  lo hacían  lloraban juntos con  sufrimiento de  almas gemelas. Ella sintió esto en forma de  despedida. Santiago pensó  que Dios los había unido para separarlos después, no podía comprenderlo y fue en estos momentos cuando  estaba a punto de rebelarse contra Dios pero  resintió,  y con temblor en sus manos y fuerza en su corazón prefirió separarse de ella y de  todo lo que podría atarlo, le rogó que durmiera, la contempló, le pidió perdón, se vistió  rápidamente y salió de su casa.

Ya es  madrugada, Santiago camina con torpes pasos por la calle, como perturbado, fácilmente se le puede confundir con un borracho, parece que va con los ojos cerrados,  hace 3 horas que salió de su casa y el frio parece no importarle, llega hasta la carretera y camina por la orilla, algunos carros tocan el claxon, decide meterse entre los obscuros árboles y se pierde  entre ellos. Lo perdemos.

Qué podemos pensar de este hombre, tal vez sólo se trata de un simple fanático o de alguien que lleva una contradicción muy grande sobre sus hombros.  Difícil será para un hombre de esta especie vivir en nuestros tiempos, ¿Cuál será su plan y su destino? ¿Tenemos derecho a juzgarlo? ¿Cuál es el secreto que lo obliga a abandonar su vida? Es algo que no nos atreveremos a responder en este relato.

Fin


Ivan Lavin

Despedida de Corazón

Por: Octavio Pérez Sánchez


             Se despidió de mí. Meses antes me había dicho que nunca encontraría a nadie como yo. Tenía razón. Soy el alma más vil y repulsiva que jamás existió caminando bajo la máscara del ser más dulce. De ello se dio cuenta al final. Me dijo que le inspiraba miedo, que no sabía quién era. Soy un camaleón, quise decir, pero por primera vez mi lengua se trabó. Ella se había vuelto mi más grande debilidad.

             Preguntas por qué hago esto. Soy una bestia, ahora lo sé. Soy un monstruo libre enclaustrado por mucho tiempo, pero no más. Sin embargo, a ella la dejé ir. La amo. Me costó un trabajo desmedido pero lo logré. Antes tuve que lastimarla, que herirme, que destruirlo todo. Pero finalmente lo logré.

             No te importa, ¿verdad? Me lastimas. Además, créeme, te conviene saber lo bajo que he caído, conocer al monstruo que ella liberó en mí, el ser latente.

             Sólo ella pudo desenmascararme, ¿sabes? Hacer que dejara de jugar. Revelar aquel lado mío y dejarlo dominarme, aquel lado que me había hecho tan exitoso y tan maldito. Hacer que me llevara a un nuevo nivel de grandeza.

             ¡Mírame! Ya no te soy tan atractivo, ¿verdad? A lo mejor piensas que esto es sólo un mal sueño. ¿Ves estas navajas? Siente su toque gélido en tu piel. De ellas me serviré para hacer como hizo ella: despedirme con tu corazón en la mano.

Richey


Richey
por Adrián “Pok” Manero

Each day living out a lie,
Life sold cheaply forever, ever, ever.
-       Motorcycle emptiness, Manic Street Preachers


Mi hermano no se suicidó, de eso estoy segura. Todo mundo piensa que por sus depresiones y por eso de la automutilación era propenso a tomar la salida fácil, pero yo lo conozco bien y sé que nunca siquiera lo contemplaría. Él es una persona fuerte, sabe enfrentar el dolor. Quizás no de la forma más adecuada, pero siempre había una lógica tras sus acciones. Incluso cuando se cortó el brazo, tras su discusión con el reportero, no lo hizo por llamar la atención sino por demostrar un punto. Aunque nada de eso contradice los dieciocho puntos que tuvo que recibir ni la sangre que perdió.
            No voy a negar que por momentos he tenido mis dudas. Ha pasado tanto tiempo. A veces, hablando con papá o mamá, puedo ver que también ellos lo han pensado. Ya perdimos la esperanza de volverlo a ver, por eso, hace tres años tomamos la decisión de declarar su ausencia legalmente. Pero, aunque ya casi van diecisiete años desde su desaparición, en el fondo sigo sintiendo que está vivo. El resto de la banda está con nosotros y todavía le guardan un porcentaje de las regalías de los discos que sacan por si acaso.
            La verdad de las cosas, siempre le encantaron los misterios. ¡Qué mejor que protagonizar el propio! Siempre fue su sueño llegar a la cima para después extinguirse. Seguramente disfruta del culto que ha generado y se regodea en el amor de sus fans. Esa es una de las razones por las que estoy convencida de que, aunque nunca lo veremos de nuevo, sigue con vida. Sé que no se volvería una leyenda si no pudiera ver los resultados él mismo.
            Nunca hago caso de los avistamientos absurdos. Sin duda, abandonó el país, pero se me hace ridículo cuando alguien dice haberlo visto con un grupo de monjes, vistiendo una túnica y rezando mantras.
            Para contradecir todos los rumores sobre el puente Severn, está la ausencia de un cadáver y los planes. Si no, ¿por qué sacó todo ese dinero? ¿Por qué estuvo viviendo en su coche sino para sembrar la duda? Y no podemos olvidar su edad. No podía quedarse sin formar parte del club, aunque fuera de forma honoraria. También me recuerda al caso de Ian Curtis: justo antes de un viaje a América, prueba clara de que habían alcanzado fama internacional.
            Lo que realmente me convence de que no ha muerto son las llamadas. Comenzaron exactamente un año después de que se fue. Siempre se oye mucha estática, como si el otro lado de la línea se hallara muy lejos. Nadie habla, pero a veces escucho una respiración. Desde esa primera vez, supe que era él. No le cuento mucho de mi vida, no quiero correr riesgos, pero le hago saber que estamos bien. Aún después de casarme y mudarme, no sé cómo consiguió mi número, me sigue llamando de vez en cuando. En ocasiones hace hasta dos llamadas durante el  mismo mes, a veces pasan años entre una llamada y la siguiente, pero sé que siempre habrá al menos una más. Y tengo esa certeza, pues lo conozco y sé que cuando llegue el momento de la última llamada no colgará sin despedirse de mí.

MIRAR por Olimpia Barreiro


Nadie pidió que me regalaran esto. Siempre pensé que el mundo y cada objeto eran cosas extraordinarias y que los problemas no tenían la intensidad que debían tener, puesto que al mirar alderredor todo era tan bello que no importaba lo demás.

¿Qué como me imaginaba yo las cosas?Era fácil, las tocaba, sentía su textura, me envolvía en su forma. No sólo me imaginaba como era lo que tocaba sino que venía a mi mente de dónde provenía, la persona que la había hecho, o las que la habían poseído antes que yo.

En el parque me sentaba a imaginar a niños que corrían, brincaban y gritaban. Unos se me acercaban con curiosidad ¿Por qué usas esos grandes lentes oscuros? ¡Está nublado! ¿Por qué usas bastón? ¡No eres tan viejo!
Las madres, apenadas, les daban un manazo y pensaban que yo no me daría cuenta del golpe, pero oía el sonar de su cabecitas. Nada de eso me molestaba, de hecho, me daban risa sus curiosas preguntas.

Algunas veces les preguntaba a los niños ¿Todas las cosas redondas botan?Y  ellos contestaban: No, las pesadas solo se balancean, las otras, giran. Y, con base en todas las preguntas que ellos contestaban honestamente, iba formando mi mundo.

Hasta que llegó mi hija. Ella se había ido a Europa. Antes no le molestaba tener a un padre ciego, pero creo que en Europa esto es motivo de vergüenza. Se iba a casar.
Tenía la impresión que sin ver al novio no podía saber con quién se casaba realmente, pero lo sabía bien: era frío, pero le gustaba que mi hija fuera hogareña, pensaba que aquí todos éramos pobres y feos que de algún modo mi hija era la única bien parecida de este vasto lugar. ¿Qué más querría saber de él? Si sabía en mi corazón que la quería.

Pero insistieron en que me sometiera a la operación, que por los avances en la medicina ya era posible hacerme ver. Alguna vez de joven lo quise, pero una vez que supe que veía mejor que los que tenían un par de ojos funcionando, no lo volví a pensar. Pero lo hice por mi hija.

Tengo grandes ojos azules, canas, arrugas por todo mi cuerpo, en unas partes más,  y en otras menos. Los niños ya no se me acercan y el maravilloso mundo que yo había contemplado se ha ido.

DESPEDIDA.

- Elena Alvarado.
Desperté con la idea firme de que esta no era mi vida, tú no estabas a mi lado ni yo contigo. Abrí la cortina esperando que el sol se hubiese apagado, pero éste seguía ahí, en el mismo lugar, a la misma hora.
Se quedó callado tras un muro lleno de mentiras, olvido, recuerdo y rencor. Se despidió de mí, yo no me di cuenta de ello.
Mi destino estaba trazado, no lo miré, y cuando me entregaron la cuenta de mis excesos me percaté de que mi corazón ya no era el mismo.
Las montañas seguían cambiando de color, por más que revolvía el universo éste regresaba a su estado natural. Compré muchos colores para pintarlas de nuevo, pero no pasaba nada, la lluvia les quitaba lo bello.
Aunque combinaba sentimientos para formar un color nuevo, éste seguía en su estado de descomposición, hasta lo grotesco me resultaba bello. La soledad, me ha dicho que no importa la sonrisa en mi cara, nada bueno vendrá de ello.
Compré mil caballos, cada uno para montar al pasado. Se cansan mucho en su larga cabalgata. En cada viaje pierdo dos, uno de ida y otro de vuelta. Tengo de todos colores para que combinen con mi ropa. Así logro algo de armonía para pasar desapercibida.
No te encontré, ni siquiera en pedazos, ¿eras real? o ¿algo que inventó mi imaginación?
Cuando te dije que era una en un millón, no te mentí, es cierto.
Tengo el hígado forrado de gomitas de azúcar para contrarrestar la mala vibra que llega. Mis riñones son dos panques de pasas, así rebota todo lo malo que llega. Los pulmones están llenos de chocolate para poder revolverse con todo el humo que por error entra. Mi corazón es un pastel, 100% puro de cacao, al que todos se les antoja pero nadie se atreve a probarlo.
Teniendo toda esa confitería en mi ser, sigo siendo amarga. Lo siento, la vida no es el mejor refrigerador.
Lloré tantas noches, pensé que mis lágrimas formarían un océano nuevo, pero no fue así, sólo logré inundar los corazones que estaban a mi lado.
Miraba el teléfono como si éste pudiese responder mis dudas, como si alguna noche, sin nada en especial, me dijera te amo, regresaré. Pero eso no pasó.
Me convertí en una basura, un ramo de dolor con tintes de sabiduría y con reclamos de no ser yo, pidiendo una oportunidad como si éstas fueran infinitas, rogando no morir en el intento.
La Abuela me dijo que la vida es un arma que tiene tres balas, tres oportunidades después de eso ya no te queda nada. Mi cartucho se terminó.
Ahora abre la cortina para que veas que yo ya no espero más tu regreso.