Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de noviembre de 2011

PODREDUMBRE por Olimpia Barreiro

Nunca supo qué le hacía, sólo sentía el inmenso dolor que esto le provocaba. Cada domingo la subía al cuarto del abuelo y jugaba con su sexo, estaba aterrada, y no podía gritar. La cucaracha había sido catalogada como un ángel y es que, desgraciadamente, sí  podía  volar, pero era un vuelo torpe. “Es solo una cucaracha”, dijo la niña, “ningún ángel tiene las alas de ese café horroroso”.
Esas clases de anatomía y sexología en la secundaría le habían hecho ver que la cucaracha era más asquerosa de lo que pensaba. Se bañaba más de tres veces al día pero el olor a podredumbre no se le quitaba de la nariz.
E iba por las calles aborreciendo a cada insecto, se imaginaba que sus casas eran inmensas coladeras; que sólo se podían ver lo suficientemente lejos de ellas. A veces ni los demás familiares se daban cuenta de la clase de seres vivos que  habitaban en esas lujosas casas, no se lo merecían, es decir, a ese tipo de insecto le bastaba con algo que roer y alguien a quien espantar.
Se fueron pasando los años, y con la edad, el putrefacto olor era más fuerte, la estaba carcomiendo. La niña ya era una jovencita de delgada figura,  tez amarillenta,  clavículas y  pómulos  saltados, que  no dejaban ver su verdadera belleza. Aunque ella pensaba que era por el olor desagradable que despedía cuando caminaba y, más aún, si corría.  La verdad es que no olía a nada, a veces solo tenía un grato a olor a lavanda producto de sus continuos baños. Ningún muchacho la invitaba a salir, no era por otra cosa que por su gesto malhumorado que siempre estaba adherido a su rostro. Pero ella pensaba que el penetrante olor ahuyentaba a cualquiera que estuviera interesado en ella.  
Entonces llegaba al baño y con un cepillo de metal restregaba su cuerpo hasta llenarlo de brillante color rojo que desaparecía con el  agua ardiente; en su sexo colocaba la mitad de perfume de su madre con un poco de jabón, jamás lo tocaba, siempre era con la esponja rasposa. Acabado el rito terminaba agotada y por escasos 5 minutos se sentía una de todas, una bella jovencita de ojos grandes y cabello ondulado.
Un día la cucaracha llegó como si siempre y la besó en los labios. La cucaracha era astuta sabía cuándo llegar y no habría nadie que la defendiera, o que viese lo que hacía. La verdadera podredumbre no radicaba en la joven, sino en la cucaracha, se dio cuenta la jovencita.

Vamos a jugar a algo distinto. Amarró con indesatables nudos  al bicho. El bicho no desconfió por
alguna razón digna de sólo un pensamiento retrasado; pensó que a la niña y a la jovencita le gustaba lo
que hacía y que ahora ella llevaría la batuta. Y lo bañó como ella acostumbraba hacer con ella misma.
El bicho gritaba pero jamás se intentó desamarrar. La joven se acerco a su pecho, lo lamió, y saboreó
algo tan intoxicado, que recorría cada una de las papilas gustativas: el veneno mismo de la
cucaracha.Corrió hacía la cocina y tomó aquél cuchillo grande, el más filoso, entonces subió lo más
rápido que podía. Vio que el insecto se había soltado ya las patas, sin pensarlo dos veces, apuñaló directo
al desagradable olor  y de él corría pestilente sangre, por fin un aroma más fuerte que el de la
podredumbre, más suave para el olfato de la joven, y más lindo para el ángel que siempre fue una
pestilente cucaracha.

lunes, 31 de octubre de 2011

MAL DE VIDA


-Elena Alvarado.
En la visita con el doctor, este se limitó a dar los buenos días y pidió de inmediato los resultados de mis análisis.
Cruzó la pierna, cambió de página, volvió a leer, olió su café, lo saboreó. Tomó de él. Se rascó la cabeza, fue por un libro, me preguntó si podía fumar, le dije que sí. Prendió el cigarro con una paciencia inagotable, lo apagó. Abrió un dulce, lo mordió, lo tragó. Le habló a la enfermera y le pidió que por favor no lo interrumpiera. Volvió a leer. Se quitó los lentes, respiró hondo como si fuera el último aire del mundo y dijo:
Doctor: Lamento infórmale lo siguiente pero usted está enferma de algo grave.
Clara: ¿Qué es?
Doctor: Es una enfermedad que se llama el “mal de vida”
Clara: ¿Qué es eso? ¿Cómo me contagié?
Doctor: Es algo que ocurre cada cien años y sólo a una en un millón. Siempre lo leí en libros, cuando estudiaba medicina pero jamás pensé que viviría para verlo.
Clara: ¿Qué sucederá conmigo?
Doctor: Es simple, es una enfermedad en donde usted decide cómo y cuándo morir.
Clara: ¿Eso es todo?
Doctor: Si, eso es todo.
Celebración de mi sepultura.
Con motivo de mi enfermedad, he decido llevar a otro plano terrenal mi felicidad, ya que en esta fui muy feliz y todos los que me rodearon también lo fueron. Así que es un placer informarles que mi funeral será el día 7 de junio del 2011, a las 19 horas en mi casa, ubicada en avenida Reforma sin número junto al convento de Noviembre.
Al término de este, se espera su presencia en el panteón de Satanama, para el último adiós, que será a las 12 de día. Se les informa que al evento deberán de asistir de etiqueta rigurosa. Favor de confirmar su asistencia. Gracias a todos.
Atte. Clara Vega Lemus.
Llego el día.
Nadie lloraba. Todos reían, bailaban, cantaban y se emborrachaban.
Nunca se había visto más hermosa en toda su vida, dejaba una estela de estrellas por cada paso que daba en su casa.
La noche siguió caminando por los trayectos más oscuros, extraños y hermosos. Las sombras regresaron con sus respectivas debilidades, las Manías y las Fobias traían en la mano una botella de olvido, que compartieron con todos los invitados. No sabía cuál era el protocolo para este tipo de eventos, así que optaron por quedarse quietas y hacerle compañía a los Muebles, pero hasta estos tenía su propia fiesta, rechinaron toda la noche, algunos se revelaron y abrieron sus puertas permanentemente, otros se quedaron callados para la eternidad. Así trascurrió toda la noche, hasta el amanecer.
Clara alquiló un auto clásico. Un Bugatti Royale Kellner Cupé de 1931, color negro, se subió como toda una mujer de la realeza, el resto de los autos la siguieron hasta su última morada.
Llegaron al panteón Satanama, todos bajaron con no muy buen aspecto, por el exceso de alcohol, la falta de sueño y el cansancio de tanto bailar.
Entro al féretro, lo tocó. Este era de terciopelo rojo y olía a vainilla. Ya instalada en él se acomodó con el cuerpo boca arriba, le indicó a los empleados del panteón que fueran bajando el féretro poco a poco, mientras esto ocurría ella alzaba el brazo agitándolo de un lado a otro, como toda una reina de belleza.
Los invitados se despedían de igual manera con una sonrisa en el rostro.
Cerraron la caja y empezaron a echarle tierra encima de ella hasta que quedó sepultada.
Clara cerró los ojos y ahí terminó todo. O ¿empezó?